La Hernia: El Mal Común

¿Cuántas veces ha escuchado a un amigo o a un familiar lamentándose de sufrir una hernia en la columna? Muchas veces, ¿verdad? Y seguro escucha esos lamentos cada vez más seguido. ¿Por qué?

Según las estadísticas de Essalud, hoy el 80% de descansos médicos de trabajadores en nuestro país se dan por problemas en la columna, y resulta que la mayoría de ellos son hernias.

Cada uno de esos trabajadores podría perder hasta tres meses de tiempo laborable por la compleja y dolorosa recuperación de una cirugía de hernia. Lo más preocupante es que hasta hace unos años las hernias aparecían en adultos de edad productiva (de 25 a 60 años), la mayoría de ellos con actividades que requieran de esfuerzo físico; trabajos en fábricas, cargadores, etc. Sin embargo, hoy la cosa cambió y tenemos pacientes con hernias que trabajan en oficinas y hasta estudiantes que sufren de los síntomas desde la adolescencia. ¿Cómo pasó esto?

La modernidad que ha traído tantos cambios en nuestras costumbres tiene mucho que ver. Sedentarismo y obesidad, que nos llevan a tener malas posturas son algunas de las causas. Entonces, el problema es que muy pronto ya no escucharemos a familiares o amigos lamentándose de una hernia, sino podríamos ser nosotros mismos los que suframos con ella. Y en ese momento es cuando querríamos saber qué significa exactamente tener una hernia en la columna vertebral.

Primero usted sentirá dolor, que puede localizarse en la región lumbar (al centro, a la derecha o a la izquierda) o algunas veces irradiarse a la rodilla e incluso hasta el pie. La intensidad del dolor puede ser variable, de leve a severo dependiendo de la gravedad de la lesión.

Entonces tendrá que acudir al neurocirujano. El le podría decir que está sufriendo de una hernia discal o hernia del núcleo pulposo. Y para entenderlo deberíamos saber que nuestra columna está conformada por estructuras óseas, que son las vértebras, 26 en total, y por estructuras fibro-catilaginosas, que son los discos intervertebrales y que contienen en su interior una estructura gelatinosa que es el núcleo pulposo.

Tanto vértebras como disco y núcleo trabajan de manera conjunta durante el movimiento humano (caminar, sentarse, acostarse, etc.), así cuando se produce el movimiento se generan fuerzas externas e internas que actúan sobre estas estructuras. Por ejemplo cuando llevamos el tronco hacia adelante (movimiento de flexión), el núcleo que está contenido en el disco, se desplaza hacia adelante. De la misma manera si llevamos el tronco hacia atrás (movimiento de extensión), el núcleo se desplaza hacia atrás. Esto se puede observar en un estado ideal de cada componente.

Sin embargo, las malas posturas al sentarse, al levantar pesos o al dormir, van provocando lesiones de los discos intervertebrales, que contienen al núcleo pulposo, y poco a poco pierden la capacidad de contenerlos y así el núcleo se desplaza más allá de sus límites normales generando lo que se conoce como una protrusión del núcleo.

Una protrusión del núcleo puede degenerar en una hernia del disco ya que el núcleo se seguirá desplazando producto de las presiones que se producen con el movimiento, los anillos fibrosos que forman el disco continuarán dañándose y finalmente se romperán por completo permitiendo la expulsión del núcleo desplazado y entonces estaremos frente a una hernia discal extruida.

Como hemos visto, el origen de estas lesiones es de carácter mecánico en el 90% de las ocurrencias, por lo que su tratamiento responde de manera positiva a la terapia mecánica. Ésta se basa en una adecuada evaluación que incluye test de movilidad específicos que nos permite determinar el principio de tratamiento a usar. Por supuesto, a partir de este momento, es muy importante tomar conciencia de las posturas correctas que nos ayudarán a mantener una buena mecánica articular, que evite el mal desplazamiento del núcleo dentro del disco intervertebral. Lamentablemente, hay muchos casos en los que la terapia física no podrá curar la lesión y entonces el paciente tendrá que ser sometido a una intervención quirúrgica, lo que no quita que necesite de fisioterapia luego de la cirugía.

¿Y alguien podría tener una hernia sin sentir dolor? Se ha observado que existe un gran porcentaje de la población que puede tener hernias discales vistas en imágenes de Resonancia Magnética que no presentan síntomas de dolor o limitación funcional. Lo que nos dice que no todas las hernias explican o justifican la presencia de dolor lumbar. Por lo tanto es importante acudir al especialista para determinar el origen de la lesión y de esta manera elegir el tratamiento apropiado para este padecimiento.

Una vez más, recuerde que una buena postura sumada a una buena flexibilidad en su columna le garantizan una vida sin dolor lumbar y todo esto se logra con ejercicio y peso adecuado para su columna.